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Apuntes de gestión en centros de salud

Acta Sanitaria, Salvador Casado: No es lo mismo navegar sin viento que con marejada, no es lo mismo gestionar una unidad sanitaria en tiempo de calma que en pandemia. Pero es útil aprender de las tormentas porque, como bien sabe el marino, nunca vienen solas.


Los sistemas sanitarios públicos europeos son enormes estructuras que podríamos asemejar a una flota, con los hospitales como enormes naves y los centros de salud como barcos más pequeños y ágiles. En estos días de desbarajuste, con una lluvia de protocolos desde la comandancia general pero sin una visión clara de a qué nos estábamos enfrentado, cada unidad hizo lo que pudo. Algunas maniobraron rápido, otras no tanto, unas lo hicieron con destreza, otras fueron sobrepasadas por las circunstancias. En mi caso fui testigo de un buen ejemplo de autogestión y trabajo en equipo que logró adelantarse y elegir cursos de acción que resultaron adecuados. Si hubiésemos esperado a las consignas oficiales, sin duda hubiéramos tenido más bajas entre la población y los propios sanitarios.

Autogestión no permitida

En estas semanas poner encima de la mesa una propuesta audaz, como era diagnosticar y tratar las neumonías leves en pacientes jóvenes sin comorbilidades en los centros de salud para aliviar la urgencia hospitalaria, chocó inevitablemente con la imposibilidad de un sistema que no es capaz de flexibilizar su forma de hacer las cosas

Sin embargo el sistema sanitario no permite la autogestión de los centros de salud, sometidos a un rígido funcionamiento subrogado a una gerencia que trabaja en la distancia ateniéndose a indicadores cuantitativos y mediciones de resultados, pero que sigue sin valorar cualitativamente y, en consecuencia, desarrolla una función incompleta. Si hay calma chicha, el sistema funciona dado que tan solo hay que dejar que navegue a su albur, siguiendo la deriva que su inercia impone. Pero con viento o circunstancias de peligro, la cosa cambia y la cadena de mando deja de ser operativa por la consiguiente lentitud y falta de agilidad.

En estas semanas poner encima de la mesa una propuesta audaz, como era diagnosticar y tratar las neumonías leves en pacientes jóvenes sin comorbilidades en los centros de salud para aliviar la urgencia hospitalaria, chocó inevitablemente con la imposibilidad de un sistema que no es capaz de flexibilizar su forma de hacer las cosas. Por un lado, porque la coordinación con los hospitales es muy limitada y, por otro, porque la novedad no suele ser bienvenida por unos cuadros gestores que valoran más la seguridad del siempre se ha hecho así. Cosa comprensible, por ser norma de la casa en las estructuras funcionariales del Estado.

Proponer que profesionales de baja o en cuarentena pudieran acceder remotamente a los sistemas de historia clínica electrónicamente tampoco fue considerado factible. Pese a que la proporción de bajas está siendo altísima y falta personal por todas partes.

No pedir permiso

Los sistemas sanitarios van a ser sometidos a sobrecargas, peligros y circunstancias que van a exigir de ellos mucho más de lo que se ha exigido hasta ahora

La única manera de innovar es no pedir permiso. Pero claro, esto limita muchísimo en profesiones tan normalizadas como las sanitarias donde es bastante complicado salirse del camino trazado.

Un ejemplo es el uso de fotos o vídeoconferencia con pacientes dentro de las labores de telemedicina que hemos desarrollado. Muchos pacientes nos mandaban fotos de lesiones de su piel, de su garganta enrojecida, de un ojo irritado… Con otros proponíamos la videoconferencia para valorar estado general, respiración y otros factores. En todos estos casos lo hacíamos poniendo el interés y la seguridad del paciente en primer lugar, pero careciendo del permiso o autorización dado que estas actividades no están contempladas en la organización sanitaria.

Sirva esta pequeña reflexión para poner de relieve el hecho de que en un mundo cada vez más complejo, que se enfrenta a un horizonte de dificultad e incertidumbre, la única forma de sobrevivir es adaptándose y eso implica flexibilidad, creatividad e innovación. Los sistemas sanitarios van a ser sometidos a sobrecargas, peligros y circunstancias que van a exigir de ellos mucho más de lo que se ha exigido hasta ahora. Si mantenemos las manos de los profesionales atadas no será posible. Cuestiones como la autogestión de los centros, la optimización de la tecnología existente, la disminución de la burocracia para dotar de más tiempo y capacidad al profesional y la incentivación de la creatividad en lugar de su castigo son cursos de acción que habrá que atreverse a implementar. A la sociedad no le va a valer si en la próxima no estamos mejor preparados.


 

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