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Trabajadores del Severo Ochoa se levantan contra la gestión del hospital madrileño

infoLibre: "Señor gerente, en primer lugar queríamos explicarle el retraso en enviarle esta carta. Hemos estado (aún estamos) muy cansados". Así comienza el escrito que con las firmas de 177 trabajadores le llegó al gerente del Hospital Severo Ochoa de Leganés (Madrid), Domingo del Cacho, este miércoles. La misiva, pasada de mano en mano entre los profesionales sanitarios del centro, quiere expresar un sentimiento que, según explica Lola del Olmo, impulsora de la protesta —junto con Purificación Martínez de Icaya y médico endocrino en el hospital, es unánime. "Nos hemos sentido solos y no hemos tenido ningún apoyo", lamenta desde el otro lado del teléfono. La carta explica el mismo sentimiento. "Señor gerente, no hemos recibido ni una sola notificación de su parte, ni un solo mensaje de ánimo. Tampoco información sobre el estado de nuestro hospital, de los planes de actuación, ni tan siquiera sobre la situación de nuestros compañeros. Usted sabe, nosotros sabemos, que en la mayoría de los centros sus compañeros gerentes sí lo han hecho, han mantenido una comunicación diaria y personal, mostrando empatía", señalan los firmantes. Por eso exigen su dimisión. 


No obstante, hay más razones. Tal y como señalan en el comunicado, además de la "ausencia de apoyo hacia sus trabajadores" y de "respeto" hacia sus pacientes, otros de esos motivos tienen que ver con la "incompetencia profesional en la gestión de esta crisis". "Tendrá la tentación de explicarnos que la pésima gestión de nuestro hospital se debe a la gravedad de la pandemia. Que en todos los hospitales se han vivido situaciones dramáticas. Que todos los centros han estado colapsados. Pero señor gerente, el Hospital Universitario Severo Ochoa, en el que lleva usted 12 años ocupando diferentes cargos de responsabilidad, es un hospital siempre al límite", continúan. Y denuncian que Del Cacho "ha hecho de la precariedad, la infradotación y la mediocridad, bandera" de la gestión del centro. Pese a ello, sentencian, siguen aguantando. "Porque creemos en la sanidad pública", dicen. 

 
 

El hospital, según confirma a infoLibre, es conocedor del escrito, pero de momento no da respuesta al mismo. "De momento, el hospital no va a entrar en declaraciones", señalan fuentes del centro. Mientras tanto, en cambio, la carta va sumando cada vez más adeptos. "Ya somos 188 firmantes", celebraba Del Olmo este viernes. No son todos, admite. Muchos compañeros, explica, prefieren mantenerse al margen por miedo a lo que pudiera suponer. Según el portal estadístico de personal del Servicio Madrileño de Salud, a cierre del mes de abril había un total de 1.928 trabajadores. El apoyo escrito, por tanto, se sitúa en un 9,75%. Del Olmo insiste: los empleados se han sentido solos. 

Uno de los que lo han hecho es Fernando Baquedano que, de hecho, es uno de los médicos que ha estampado su rúbrica en ese escrito. Él es adjunto de urgencias en el centro y, tal y como relata desde el otro lado del teléfono, lo que se ha vivido estas semanas en el hospital ha sido "inmanejable". Todo comenzó a principios del mes de marzo. En ese momento fue cuando diagnosticaron de covid-19 al primer paciente. "Era una persona mayor que había estado antes en el hospital y que ni siquiera tenía un cuadro epidemiológico" acorde a la enfermedad, recuerda. Pero dio positivo en el test. "Desde entonces fue una cascada, un aluvión de pacientes", lamenta. Tanto, que en unas urgencias que pueden llegar a albergar a 90 personas "como muchísimo, muchísimo", llegaron a atender a más de 300.

"Eso supuso tener que acumular hasta a 70 pacientes en los pasillos, ya no había ni camas. Se abrieron espacios extra, pasillos, habitáculos, etc.", recuerda. No cabían todos. "Las filas de enfermos empezaban hasta en las propias puertas", dice. Y ni siquiera estaban en camas. "Había gente que llegaba a pasar 48 ó 72 horas en una silla de plástico, en unas urgencias que no están preparadas para atenderles", relata. La aglomeración era tal, que cuando atravesaba las puertas del hospital para entrar a trabajar, tenía que acudir a su taquilla a cambiarse esquivando a enfermos. "Cuando terminaba de cambiarme y me iba al otro lado a por un EPI [equipo de protección individual], a lo mejor atravesaba a otras 200 personas, todas con su mascarilla y la mayoría con coronavirus", dice.

Mercedes Romero, delegada sindical de CCOO en el hospital, también recuerda esa etapa. "Tener las urgencias tres veces por encima de su capacidad durante dos semanas es mucho. Los trabajadores soportan una sobrecarga enorme y los pacientes una atención precaria. Además, ahora a posteriori tenemos a muchos trabajadores con problemas psicológicos, con sensación de culpa", lamenta. Y todo, dice, por una gestión lenta y deficitaria. "Reclamé a la dirección del hospital agilizar y aumentar los traslados de los pacientes, pero se nos comunicaba que todos los hospitales estaban colapsados", recuerda. Y lo asume. "Entendemos y somos comprensivos porque cuando llega una pandemia es difícil manejarlo y nadie está preparado", señala. Pero eso no quita que las semanas más duras de la crisis sanitaria hayan sufrido una gestión que no ha tomado "las acciones necesarias".

"La gestión inadecuada de este hospital ha hecho que la crisis sea más grave aquí que en otros centros. No se tomaron las medidas adecuadas desde el primer momento y no utilizamos los recursos de los que disponíamos. Por ejemplo, podríamos haber derivado a pacientes antes, lo hicimos tarde", coincide Javier García, enfermero y delegado sindical de UGT en el Severo Ochoa. Baquedano opina igual. "Hemos tenido retrasos en la habilitación de espacios en el hospital y en la derivación de pacientes a Ifema. Hemos tenido retrasos en la habilitación de las UCI y en muchísimas decisiones. Ha habido retrasos en todo, y eso al final cuesta vidas", lamenta.

"Oscurantismo" y falta de información

Por otro lado, los trabajadores del hospital también denuncian que la gestión ha estado caracterizada por el "oscurantismo", tal y como lo define García. "No tenemos los datos de nada porque no nos han informado de nada, nos hemos enterado de todo a medida que trabajábamos", lamenta. Lo normal, señala, habría sido recibir información sobre el número de pacientes ingresados, el número de altas, el número de traslados a recursos como Ifema, el número de trabajadores afectados por covid-19, el número de compañeros que tenían que coger una baja o los que se volvían a incorporar a su puesto de trabajo. "Aquí nos hemos ido enterando nosotros de todo sobre la marcha, según pasaba", critica. 

Y así siguen, tal y como denuncia Jaime Borrego, delegado sindical de la Asociación de Médicos y Titulados Superiores de Madrid (Amyts) en el centro. "A día de hoy no tenemos ningún dato por escrito de la situación del hospital, ni de compañeros de baja, ni PCR positivas ni de serología", lamenta. Lo único de lo que disponen es de unos apuntes cogidos en una reunión que mantuvieron estas organizaciones —junto con CSIT-UP, Satse, SAE, CGT y CSIF— como miembros de la Junta de Personal con la dirección. Fue a finales de abril. Ese día se les informó de que el 27% de los trabajadores se había contagiado. Desde entonces, "nada", denuncian tanto Borrego, como Romero y como García.

La Junta de Personal a la que pertenecen, de hecho, también denunció mediante un escrito las "situaciones críticas" que había sufrido el centro durante los días más duros de la pandemia. Según la carta, consultada por este diario, los sindicatos criticaron unas "deficiencias" que achacaron a la "gestión inadecuada" y que derivaron en unos pacientes en condiciones "indignas", además de que cargaron "todo el peso del covid-19 y sus consecuencias" sobre los profesionales. Aseguraban que no se gestionaron los traslados necesarios para aliviar a ambas partes y que los EPIs fueron "insuficientes" para dar la cobertura necesaria. Añadían también que su distribución se hizo "discriminando" a categorías y unidades de atención" y que en otros momentos también se distribuyó material "inadecuado" que no protegía de posibles contagios. 

Sin embargo, más que la dimisión directa, desde la Junta de Personal reclaman la asunción de "responsabilidades". "Luego que cada uno asuma lo que tenga que asumir", asevera García.

Un colapso agravado por los problemas previos

Nada más descolgar el teléfono, Fernando Baquedano señala que para entender lo que se ha vivido en el Hospital Severo Ochoa es necesario tener un poco de contexto. Ayuda a comprender, dice, el porqué del colapso. "Desde hace años, nuestro hospital está infradotado de personal, especialmente en las urgencias, que sufren colapso todos los años. En la época de gripe, en invierno, tenemos que abrir los pasillos y los huecos que podemos para poder atender a los pacientes, aunque siempre terminamos pidiendo apoyo a otros hospitales como el de Getafe, con el trastorno que eso supone para los familiares de los pacientes, claro, que además suelen ser gente mayor", lamenta. Pero no solo es en invierno. "En verano, cuando se cierran plantas por las vacaciones, las urgencias también colapsan. Llevo trabajando aquí desde 2009 y los pasillos se utilizan todos los años", critica. 

Del Olmo coincide con él. "Es cierto que es un hospital que nació pequeño, se quedó pequeño y tiene gran precariedad", lamenta. 

Borrego, también. "El hospital de Leganés tiene una historia de intentar hacer las cosas con una limitación de medios. Es su trayectoria histórica. Siempre lo hemos dicho", denuncia. 

Y García. "Este hospital se vio muy afectado por los recortes que hubo en la Comunidad de Madrid. En 2012 perdimos plantilla y las ratios que tenemos en cuanto al número de profesionales por ciudadano es de las más altas. Si esto se nota cuando llega la gripe, enfrentarnos a la pandemia ha sido dramático", señala. 

"La tasa de reposición de la plantilla ha sido nula durante muchos años. Si ya tienes unos medios humanos y materiales mermados, hacer frente a una pandemia es muchísimo más grave", añade Romero. El diagnóstico de todos, por tanto, es el mismo.

No obstante, si se revisan las memorias del Servicio Madrileño de Salud, se observa que los números han mejorado. En el año 2012, el Severo Ochoa contaba con 1.697 trabajadores, de los que 288 eran médicos. En 2018 —el último año del que hay una memoria completa— la plantilla aumentó hasta las 1.880 personas, entre las que había 346 facultativos. "Ahora hay una tasa de reposición —es decir, de cobertura de las jubilaciones— prácticamente del 100%, pero como arrastramos defecto de trabajadores vamos siempre a la cola", señala García. La mejor manera de verlo, dice él y coincide Del Olmo, es comparando las plantillas de Leganés con las del Hospital de Getafe, que tiene que dar cobertura, más o menos, al mismo número de ciudadanos. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, en 2018 el Severo Ochoa atendía a 188.425 personas con 1.880 trabajadores, 346 médicos y 386 camas [los datos están disponibles aquí]. El de Getafe, en cambio, atendía a 180.747 personas con 2.473 empleados, 434 facultativos y 510 camas [cifras obtenidas en este enlace]. "Más población, menos recursos", critica García.


 

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